¿Por qué estiramos? La verdad detrás de la flexibilidad.

Tu cuerpo no es rígido: se adapta, responde y cambia con el movimiento. Entiende cómo funcionan realmente los estiramientos y por qué la flexibilidad es mucho más que tocarse los pies.

Laura Buil Godia

5/29/20263 min leer

Los estiramientos forman parte de muchas rutinas deportivas, sesiones de fisioterapia y hábitos de salud. A menudo se asocian con flexibilidad, relajación o prevención de lesiones, pero… ¿realmente sabemos qué son y cómo actúan sobre nuestro cuerpo?

Durante muchos años se han transmitido ideas simplificadas sobre los estiramientos, algunas ciertas y otras no tanto. Actualmente, gracias a la investigación en biomecánica, fisiología y neurociencia, tenemos una visión mucho más completa sobre sus efectos.

Un estiramiento es una técnica que busca exponer un músculo, tendón o estructura fascial a una tensión mantenida o repetida con el objetivo de modificar su respuesta mecánica o sensorial.

Dicho de una manera más sencilla: estirar es llevar un tejido a una posición de alargamiento.

Aun así, el efecto de los estiramientos no depende solo del músculo. También intervienen:

  • El sistema nervioso

  • La percepción de tensión

  • La tolerancia al movimiento

  • El tejido conectivo (fascia, tendones, cápsulas)

Esto explica por qué muchas veces la mejora de movilidad no se debe solo a que “el músculo se haya alargado”, sino a que el cuerpo tolera mejor esa posición.

El sistema nervioso interpreta la tensión y regula el grado de contracción muscular y, con la práctica regular, aumenta la tolerancia al estiramiento, disminuyendo la sensación de rigidez y haciendo que el movimiento se perciba como más confortable. Estos efectos explican gran parte de las mejoras inmediatas de flexibilidad.

Los músculos y los tejidos conectivos tienen propiedades viscoelásticas. Como los relojes blandos de Dalí, responden al tiempo, a la tensión y a la carga aplicada. Esto significa que pueden deformarse temporalmente cuando reciben una fuerza sostenida. Además, cuando los estiramientos se realizan de forma regular y mantenida durante semanas, pueden producirse adaptaciones estructurales.

Los estudios actuales sugieren posibles cambios como:

  • Aumento de la longitud de los fascículos musculares

  • Adaptación del tejido conectivo

  • Cambios en la organización del colágeno

  • Mejora de la capacidad del músculo para tolerar tensión

Aun así, los cambios morfológicos son más lentos y menos espectaculares de lo que tradicionalmente se había creído.

              Pero, ¿qué tipo de estiramiento es mejor?

Existen diferentes formas de estirar, y cada una tiene objetivos distintos.

  1. Estiramiento estático: el mantenimiento de posiciones de alargamiento busca la relajación y la mejora de la movilidad.

  2. Estiramiento dinámico: consiste en mover activamente una articulación dentro del rango disponible. Pretende activar el cuerpo y preparar el movimiento. Por esta razón, es el más recomendado antes de la actividad física.

  3. Estiramiento basado en la facilitación neuromuscular propioceptiva (FNP): combina contracciones musculares y estiramiento. La intención es ganar rango de movimiento y mejorar el control neuromuscular.

       

          ¿Y cuánto tiempo es recomendable?

La flexibilidad excesiva tampoco es necesariamente saludable. El cuerpo necesita movilidad, estabilidad, fuerza y control. El objetivo no es ser “muy flexible”, sino tener la movilidad necesaria para las actividades de la vida diaria o deportivas.

La respuesta varía según la edad, la actividad física, el historial de lesiones y el objetivo específico. La norma general es que entre 30 y 60 segundos por grupo muscular puede ser suficiente, pero la regularidad es más importante que la intensidad extrema.

En definitiva, los estiramientos no son ni imprescindibles ni inútiles. Son una herramienta útil cuando se utilizan con un objetivo concreto y adaptados a cada persona. La ciencia actual nos muestra que sus efectos son mucho más complejos de lo que antes se pensaba: no solo actúan sobre el músculo, sino también sobre el sistema nervioso, la percepción corporal y la tolerancia al movimiento.

                    Más que buscar “alargar” el cuerpo, quizá deberíamos pensar en moverlo mejor.

Behm, D. G., & Chaouachi, A. (2011). A review of the acute effects of static and dynamic stretching on performance. European Journal of Applied Physiology, 111(11), 2633–2651.

Freitas, S. R., Mendes, B., Le Sant, G., Andrade, R. J., Nordez, A., & Milanovic, Z. (2018). Can chronic stretching change the muscle-tendon mechanical properties? A review. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 28(3), 794–806.

Kay, A. D., & Blazevich, A. J. (2012). Effect of acute static stretch on maximal muscle performance. Medicine & Science in Sports & Exercise, 44(1), 154–164.

Magnusson, S. P., Simonsen, E. B., Aagaard, P., Gleim, G. W., McHugh, M. P., & Kjaer, M. (1995). Viscoelastic response to repeated static stretching in the human hamstring muscle. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 5(6), 342–347.

Witvrouw, E., Mahieu, N., Danneels, L., & McNair, P. (2004). Stretching and injury prevention. Sports Medicine, 34(7), 443–449.

Persistencia de la memoria - Salvador Dalí